Ana Rosa Pérez Ransanz, Ambrosio Velasco Gómez
Definición
A partir de que la filosofía de la ciencia se
reconoce como una disciplina académica especializada, alrededor de los años
veinte del presente siglo dominó el supuesto de que la ciencia se distingue del
resto de las actividades culturales por haber adquirido un método especial,
"el método científico”, el cual constituye una forma privilegiada de
conocer el mundo. Hasta los años cincuenta, dentro de la tradición anglosajona,
los filósofos de la ciencia compartieron la idea de que los sorprendentes
logros científicos —especialmente los de la física— se alcanzaban gracias a la
aplicación de un poderoso conjunto de principios o reglas, tanto de
razonamiento como de procedimiento, que permitían evaluar objetivamente las
hipótesis y teorías que se proponen en la actividad científica. Se pensaba que
el método constituido por dichas reglas ofrecía, por decirlo así, un riguroso
control de calidad de las hipótesis y teorías, junto con una forma de calibrar
su éxito, que permitía a los científicos decidir con total acuerdo sobre su
aceptación o rechazo. De aquí que la tarea central del análisis de la ciencia
se haya concebido como la de formular con precisión las reglas del método que
garantizaban la correcta práctica científica y el genuino conocimiento. En
otras palabras, el objetivo era codificar las reglas metodológicas que
encerraban el núcleo de la racionalidad que opera en la ciencia.